La importancia del vínculo desde la primera infancia.

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La importancia del vínculo desde la primera infancia.

Se han presentado varias evidencias que confirman la importancia de la relación madre e hijo durante la primera infancia a lo largo de la vida (Ainsworth,1989). El entorno social, particularmente aquel construido a partir de la interacción madre-hijo e incluso las experiencias prenatales, tienen consecuencias a largo plazo. En este sentido, el establecimiento de un vínculo saludable y óptimo con la madre, le permitirán al bebé no solo desarrollarse adecuadamente durante el primer año de vida, sino también a lo largo de la etapa escolar, la adolescencia y la edad adulta (Calle, 2012).  

La manera en la que el niño ha construido su conducta de apego en torno a la madre, influye significativamente en su forma de relacionarse con el mundo. Un apego seguro, por lo tanto, implicaría un modelo de crianza fundamentado sobre un desarrollo integral infantil, entendiéndose al mismo, como un proceso de desarrollo que incluye no solo destrezas cognitivas y motrices, sino también habilidades sociales y emocionales, así como el control de conductas impulsivas y una adecuada condición de nutrición y salud. Incluye también, un proceso de adaptación del niño para asumir nuevas responsabilidades e ir adquiriendo autonomía, a la vez que se integra de manera progresiva y adecuada en la familia y en la sociedad, llegando así a adquirir habilidades para convertirse en un agente activo de su propio desarrollo y medio social (Soria, 2017).

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) indica que las bases para el desarrollo infantil integral surgen desde la pre-concepción, la gestación, el nacimiento, la lactancia, el período pre-escolar y la educación primaria. En otras palabras, el desarrollo infantil integral es posible gracias a la participación activa del niño, la familia y la comunidad. La valoración de la estimulación y el aprendizaje temprano, por lo tanto, son la clave de un desarrollo humano integral. Esto quiere decir que en un inicio, la madre funciona como un regulador socioemocional del entorno del niño, por lo que su participación en este aspecto definirá su desarrollo emocional como tal. La regulación del afecto o estrategias autorreguladoras de afrontamiento, desarrolladas a partir de la interacción con la madre, no solo minimizan los estados emocionales negativos del niño, sino también intensifican los estados afectivos positivos, a través del juego interactivo. Una interacción afectivamente adecuada con la figura cuidadora crea en el niño una sensación de seguridad y curiosidad que impulsa la exploración de nuevos entornos, tanto físicos como emocionales. En posteriores relaciones interpersonales, estos modelos internos de funcionamiento influyen a nivel inconsciente sobre la evaluación, interpretación, regulación y procesamiento de las emociones (Schore, 2005).

Por otro lado, las experiencias tempranas y positivas con la madre influyen significativamente en la construcción de la subjetividad individual, es decir, en la formación del autoconcepto del niño. Le permiten tener una mejor percepción de sí mismo, y mayor fortaleza y seguridad ante situaciones desfavorables como la muerte de la figura de apego principal, el abandono o el maltrato. En este sentido, los niños que cuentan con un apego seguro tienden a volverse resilientes, es decir, que ante la presencia de adversidad, son capaces de sobrellevar la situación sin que su conducta social o facultades cognitivas se vean afectadas, y de reconstruir su vida a partir del establecimiento de nuevos vínculos afectivos que le permitan salir adelante. Así, el desarrollo integral infantil y por consiguiente, un vínculo saludable con la madre, favorecen el crecimiento y la adaptación de una gran cantidad de funciones cognitivas y emocionales que son impulsadas por procesos de vinculación afectiva, que a su vez, benefician la plasticidad neurológica y fomentan progresivamente su adaptación a facultades mentales cada vez más complejas (Calle, 2012).

María Belén Borja

Psicóloga Clínica (Quito, Ecuador)
IG: @psicologa_mariabelenborja
FB: @psic.mariabelenborja

 

Bibliografía

  • Ainsworth, M. D. (1989). Attachments Beyond Infancy. American Psychologist (No. 4), 709-716.
  • Calle, D. A. (2012). Apego, Desarrollo y Resiliencia. Informes Psicológicos, Vol. 12, 25-40.
  • Schore, A. N. (2017). Handbook of Trauma Psychology: Foundations in Knowledge American Psychological Association.
  • Soria, E. (2017). El estado del Buen Vivir: Desarrollo Infantil Integral. Quito: Ministerio de Inclusión Económica y Social.

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